Ella no quiere ser sólo un culito que se sacude. Practicó mil veces frente al espejo todo lo que iba a decirme acerca de respetarnos, de hablarlo todo: lo que nos gusta y lo que no. Ella sabe perfectamente qué hay que hacer para que funcionen las parejas, aunque nunca tuvo una de más de tres meses. Sus normas de profilaxis me aburren y su parloteo pobre de expresión y sintaxis casi me enoja. La belleza es verdad, dijo alguien. La voracidad de Acteón tiene su precio.
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